No tengas miedo de la santidad

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Jóvenes en el Campamento
Jóvenes en el Campamento

Así podría subtitularse la aún reciente exhortación apostólica Alegraos y regocijaos del papa Francisco, ya que en ella nos anima a acoger sin miedo la llamada a la santidad en la vida cotidiana, como explicó a los obispos al presentar el documento. Vamos a desgranar su propuesta en tres afirmaciones fundamentales.

1. No tengas miedo de la santidad. ¡No tengáis miedo! Resuena en el vicario de Cristo, en pleno siglo XXI, esta invitación constante de Jesús en el Evangelio: «¡No temas, María!» «¡No temáis, rebañito pequeño!» «¡Levantaos, no temáis!»… El papa nos invita insistentemente a vencer el miedo que nos impide atender la llamada del Señor:

• No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario.

• No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios.

• No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la gracia.

2. Acoge la santidad: La santidad no es prerrogativa de una élite, ni cosa del pasado. Insiste el papa: el Espíritu Santo derrama santidad por todas partes. Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos… ¿Quién queda excluido? ¡Todos estamos llamados a la santidad!

3. La santidad se «cuece» en la vida ordinaria. Plantea el papa Francisco de forma muy concreta: ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. Es decir, ¡cultiva tu vocación propia! ¡Sé santo!

Apuntemos cinco aplicaciones para nosotros:

• Con pequeños gestos se va forjando un santo. El documento, de forma didáctica, señala con cuatro ejemplos de la vida cotidiana cómo avanzar en el camino de la santidad: en el mercado con la vecina, no criticando; en casa con el hijo, escuchando; en los momentos de angustia, rezando; en el encuentro con el pobre, conversando…

• La santidad no es sino la caridad plenamente vivida. Así que no es más santo el que hace cosas más raras, sino el que más ama: pongamos más amor en nuestros gestos, en nuestras palabras, en nuestras renuncias… Como señala el papa, lo que mide la perfección de las personas es su grado de caridad.

• Alegraos y regocijaos. Como escribió el papa al obispo de Ávila, citando a santa Teresa, la verdadera santidad es la alegría, porque un santo triste es un triste santo. Por ello el título de la Exhortación es tan rotundo: ¡alegraos, regocijaos!

• Descubramos a los santos de la puerta de al lado. La santidad es tan cercana que podemos encontrarla en los que viven cerca de nosotros y luchan con constancia para seguir adelante día a día. Rasguemos las apariencias y reconozcamos a Dios obrando en quienes viven a nuestro lado.

• María nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Si la santidad es el rostro más bello de la Iglesia, y la Virgen es la santa entre los santos, conclusión: ¡el rostro de María es el más bello de la Iglesia! María acogió sin miedo la santidad en la vida cotidiana, y es nuestra Madre, Maestra y Guía por los caminos de la santidad. ¿Qué temer?