Una nueva Visitación

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La Visitación. Ilustración: Fano
La Visitación. Ilustración: Fano

El 2 de julio de 1676 los vecinos de Alhabia (Almería) hicieron un voto a la Virgen María para que les protegiera y les librara de la epidemia de cólera que asolaba la región. Era la fiesta de la Visitación. Desde entonces, cada año celebran su fiesta para conmemorar el día que se pusieron bajo el amparo de la Virgen. Hoy somos la humanidad entera quienes acudimos a Santa María de la Visitación para que nos proteja en la pandemia del coronavirus. A ella encomendamos a nuestros seres queridos fallecidos en estos meses, a los enfermos y a cuantos experimentan la soledad.

El pueblo sencillo ha comprendido que Santa María nos protege en nuestras necesidades, y así nuestra geografía aparece salpicada de ermitas donde le pedimos ser librados de todos los peligros: tormentas, naufragios, terremotos, etc. Es especialmente en la necesidad cuando reconocemos a María como la madre buena que se pone en camino para traernos a su Hijo, ayudarnos y cuidarnos.

Si nos fijamos, estas actitudes son las que muestra María en la Visitación: se puso en camino, llevando dentro a Jesús, para ayudar, cuidar y servir a su prima Isabel. Y es que la Visitación no fue un acontecimiento puntual acaecido hace dos mil años. ¡No! Santa María nos visita constantemente. Asunta al Cielo, no está distante de nosotros: sigue cumpliendo la misión maternal que recibió de Jesús al pie de la Cruz. Está a nuestro lado, como las madres, atenta a nuestras necesidades.

También nosotros, cuando acogemos al Señor como María, al pronunciar Hágase en mí según tu palabra, nos llenamos de inmensa alegría y nos ponemos en camino, movidos y guiados por el Espíritu Santo. Nos volvemos así brazos largos del Señor y de su madre. Preguntémonos: ¿cómo actuaría Ella hoy? Mejor aún: ¿Cómo quiere actuar sirviéndose de mí?

¿Qué aplicaciones tiene esto en las dos líneas temáticas de este número de Estar?

a) En la pandemia. María nos enseña y nos ayuda a vivir en actitud de servicio: en olvido propio, sin dejarnos llevar por la pereza o el desánimo; interesándonos por los demás en multitud de pequeños detalles (presenciales, por teléfono o internet, etc.). Y todo ello empezando por los de casa: irradiando alegría, dejando lo mejor para los demás. Es un amor proyectado universalmente, pero aplicado localmente.

b) En la política. María nos ayuda a levantarnos y a ponernos en movimiento hacia las periferias existenciales. Nos enseña a trabajar más y a hablar menos: más compromiso y menos fotos; más servir y menos especular. Y nos enseña a desapropiarnos, poniendo el interés común por delante del interés propio. Y, ¡ojo!, esto se aplica a cada uno de nosotros, porque todos somos responsables del bien común.

¿No es cierto que, si viviéramos como María, en una Campaña de la Visitación permanente, nuestras familias y ciudades, nuestro país y nuestro mundo cambiarían? ¿Qué ocurriría si —como los vecinos de Alhabia— nombráramos a Santa María de la Visitación patrona de nuestro pueblo? ¡Todos los días serían fiesta, porque todos serían una nueva Visitación! Al menos, comencemos por hacerla patrona de nuestras familias. Nuestras vidas se transformarán y llenarán de alegría.

¡Hoy es una nueva Visitación si dejamos que María actúe por nosotros!

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