Vivir como Reyes

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Reyes Magos. Ilustración: Fano
Reyes Magos. Ilustración: Fano

No, esto no es una invitación a darse la buena vida sino, en todo caso, una provocación a volvernos hacia una vida mejor. Porque va de los Reyes… ¡Magos!

Os invito a fijar la mirada en los Magos, a dejar montado el belén de casa y, si ya lo hemos empaquetado, al menos a que Belén permanezca en nuestro interior. Porque sigue teniendo mucho que decirnos.

El Evangelio comenta que los magos, después de ver al niño con María, regresaron por otro camino, y que los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios. ¡El belén es de ida y vuelta! Coloquemos en nuestros belenes a los pastores y a los magos volviendo a sus casas, porque esa es nuestra situación vital después de la Navidad.

Vuelven. La experiencia de Dios nos lleva de vuelta a nuestros lugares ordinarios. Pero por otro camino. Porque, como acaba de explicar el papa Francisco (6.1.2020) «cada experiencia de encuentro con Jesús nos lleva a tomar caminos diferentes, porque de Él proviene una fuerza buena que sana el corazón y nos aparta del mal».

¿Qué caminos diferentes tomaron los Magos? Fijémonos en cinco:

1. Vuelven por el camino de la pobreza. Habían llegado con las manos llenas de regalos: oro, incienso y mirra…, pero, tras ofrecer sus dones, vuelven con las manos vacías. Y es que Jesús Niño nos enriquece con su pobreza. Podemos vivir como Reyes si nos desapropiamos de nuestros bienes, si relativizamos las cosas dándoles su justo valor…; en fin, si, en lugar de juzgarnos acreedores de derechos, recibimos todo como regalo de Dios.

2. Vuelven por el camino del don. Precisamente por haber experimentado el gozo de tener las manos vacías, su disposición ahora es dar cuanto reciben. ¿Nos extraña que sean precisamente ellos los que en su fiesta traen regalos a los niños (y a los que se hacen pequeños)? Podemos vivir como Reyes si nos volvemos magos no solo el 6 de enero y seguimos dando a nuestro alrededor y quedándonos con las manos vacías (porque, como cantaba Abelardo, ya no las tendré vacías, porque las habrá llenado mi Dios).

3. Vuelven por el camino de la humildad. Se habían presentado en Jerusalén pregonando sus intenciones y dándose a conocer. Todos se enteraron: hasta el rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él. Quizás su deseo de adorar iba algo entreverado con la ambición de ser reconocidos y admirados… Pero tras encontrarse con el Verbo in-fante —con la Palabra que no habla—, con el Todopoderoso hecho impotente…, se contagiaron de la humildad del Niño. Y se volvieron sin ruido, buscando ahora que Herodes no se entere… Podemos vivir como Reyes si imitamos el silencio del Niño y los Magos.

4. Vuelven por el camino de la alegría. Si se habían llenado de inmensa alegría al ver la estrella, ¿cuál no sería su gozo al contemplar al Niño en persona? El encuentro con Cristo deja la marca de su sello: la alegría. Podemos vivir como Reyes si nos empapamos en la alegría de Jesús Niño, que está unida a la pobreza, a la humildad y al don de sí.

5. Y vuelven por el camino del testimonio. El principal testimonio es el de la conversión, que se traduce en alegría, como señala el Evangelio: ¡Hemos encontrado al Mesías! Podemos vivir como Reyes si contamos a todos el gozo del encuentro con Jesús Niño, que nos cambia la vida.

Y, finalmente, viviremos como Reyes si, como los Magos, emprendemos este camino de vuelta acogiendo ser hijos del Rey recién nacido y de santa María Reina, su Madre.

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