Hermana Anunciación de Santa Teresa

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Por Carmelitas Descalzas de Cabrerizos (Salamanca)
Nuestra querida Hna. Anuncia,
ella, tan amiga siempre de la obediencia, esta vez se nos ha ido sin pedir
permiso alguno, de repente, por sorpresa y… pensamos que tampoco Dios se anunció
ni le pidió permiso a ella, porque estaba seguro de que Hna. Anuncia aceptaba
siempre de buen grado todo lo que Él dispusiera.
En
la cena del día de la Epifanía, se le manifestó y se nos manifestó el Señor de
forma aparentemente normal: un poquito de comida se le fue al pulmón y nosotras
no pudimos solucionar la situación, como sí lo habíamos logrado —también con
ella— en ocasiones precedentes; llamamos a la ambulancia medicalizada (112) que
tampoco lo consiguieron y la llevaron —ya inconsciente— a la UVI del Hospital
Clínico de Salamanca. Igualmente, no pudieron reanimarla y… el día siguiente
Hna. Anuncia pasaba a gozar plenamente del Dios al que había consagrado toda su
vida.
Carmelita
Descalza desde sus tempranos 19 años, nos deja un hermoso testimonio de vida
que Dios tenía anotado con letras de oro y que le ha valido para que le haya
podido regalar la plena felicidad de la que estamos ciertas que goza ya en la
Patria, mientras ruega insistentemente al Padre por todos cuantos aún
peregrinamos…
En
su día a día en el Carmelo, la vida de Hna. Anunciación se puede sintetizar en
breves líneas. Persona llena de fe y deseos de entrega a Dios y a su Iglesia,
que se exteriorizaba en una constante alegría, gran caridad y cariño hacia las
Hermanas, abnegación y entrega generosa al trabajo:
Tenía
facilidad para la oración, permaneciendo con el Señor —en la oración y durante
la jornada— en amor y sencillez.
Persona
de gran corazón, aunque muy sencilla, sincera y comunicativa, alegraba mucho a
la Comunidad en los tiempos de recreación. A veces pedía colaboración a otra
Hermana para preparar pequeños teatrillos y hacernos reír.
Por
su capacidad para el trabajo y su caridad, ayudaba mucho tanto en las limpiezas
de la casa, en la cocina y huerta, como en labores de manos, poniendo siempre
mucha ilusión y entrega en cuanto hacía. Estaba atenta para ver si alguna
Hermana que no podía hacer su oficio, para suplirla ella con gran caridad.
Igualmente, para acompañar y animar a las Hermanas enfermas.
Su
gran corazón la llevaba a poner toda su oración y vida al servicio del Reino.
Una clara expresión de ello era su permanente oración, interés y cariño por los
Cruzados de Santa María, desde los primeros años de su vida de carmelita
descalza.
Gran
lectora, quería conocer al detalle la vida de la Orden y de la Iglesia para
hacer suyas todas sus necesidades y orar incansablemente por ellas,
comunicándolo a la Comunidad.
Aunque con gran dolor en el
corazón por esta inesperada separación temporal, damos gracias a Dios por la
vida, el testimonio y la entrega de nuestra querida hermana Anuncia y por la
gloria definitiva de la que, seguramente, ya goza. Gloria a Dios por los siglos.