El futuro de la música católica contemporánea en España

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Fernando Salaverri
Fernando Salaverri

Por Fernando Salaverri Aranegui

La música ha sido siempre, desde que Dios puso al hombre sobre la tierra, una manera de comunicación entre ellos, tan importante como el lenguaje. Comenzó con sonidos guturales y percusiones y evolucionó hasta los instrumentos que hoy conocemos.

Todo tipo de creencias y religiones, desde siempre, han utilizado la música y el baile, en todos sus actos y celebraciones. Los cristianos pasaron desde las voces «a capela», al canto gregoriano, para seguir, más adelante, con la música de órgano, logrando una impresionante música religiosa gracias a los grandes compositores clásicos, para llegar a nuestros días con una rica música litúrgica.

En este momento, la música y la fe siguen marchando juntas. La música está por todos los sitios, la música envuelve nuestras vidas a través de la radio, la televisión, de los móviles, en las redes sociales, en cualquier fiesta o celebración. La música, cada uno con sus gustos, se convierte en la banda sonora de nuestras vidas, moviendo nuestros recuerdos, nuestros sentimientos. Todo ello se acrecienta en los jóvenes, para los que la música es una parte esencial de su existencia. Por este motivo, si queremos transmitirles nuestra fe, nuestras creencias católicas, la música, con los sonidos y géneros actuales, es un elemento imprescindible para comunicarnos con ellos.

Me permito, después de leer una noticia en un periódico sobre el avance de Los Evangélicos en América latina, hacer unas pequeñas reflexiones:

Que los evangélicos avanzan en América es un hecho y una de sus principales puntas de lanza ha sido —y es— la música, la canción actual en todos los estilos, bajo la etiqueta de música cristiana (han canibalizado la expresión). Han conseguido que sus cantantes vendan millones de discos y llenen grandes locales. La música es uno de sus principales elementos de captación de seguidores y de recursos económicos.

La revista Billboard, que es la «biblia semanal» de la industria de la música mundial, tiene desde hace muchos años, (desde los cincuenta), una lista de éxitos con las diez canciones religiosas más escuchadas y vendidas. Primero se centró en el góspel, esencialmente practicado por los afroamericanos, luego en la Christian Music (de los evangélicos y protestantes en general) y ahora es un tótum revolútum, incluyendo todo tipo de música de carácter religioso y, por supuesto también, con los temas de éxito de los artistas católicos. Los prestigiosos premios Grammy también se ocupan de este tipo de música.

Debo reconocer, que todos somos hermanos en Cristo y que se han popularizado canciones bellísimas de artistas y grupos no católicos, pero también dentro de la música católica. Ya es normal que en muchas parroquias españolas se canten temas de Brotes de olivo, Ixcís, Martín Valverde, hermana Glenda, Cesareo Garbarain, Nico Montero, Migueli, entre otros varios creadores católicos en español.

En los últimos años (unos veinte más o menos), aunque ya existían algunos pioneros importantes, la reacción de los músicos católicos en Estados Unidos y en América latina ha sido envidiable y contundente y están logrando acortar la distancia con los evangélicos de una manera muy significativa. Se puede comprobar en Amazon, en Youtube y en las redes sociales.

En 2006, en el documento «La música litúrgica de hoy» de la Iglesia católica de los Estados Unidos, se reconoce la necesidad que tienen los autores de recibir una compensación justa por su obra. Por esto, el documento menciona que las parroquias deben presupuestar fondos para la compra de la música necesaria para la celebración de la liturgia. En una carta titulada Copyright, (Derechos de autor, un problema moral), monseñor Richard J. Schuler explica cómo la violación a la Ley del Derecho de Autor y la piratería, es una acción en contra de Dios y su justicia, en especial al séptimo mandamiento (no robar), por lo tanto, es pecado. Este documento es la señal de la importancia que dan en Estados Unidos a la música en general, no solo la litúrgica, como ocurre también en toda América y en casi toda Europa, excepto en España.

La música no es solo un extraordinario elemento de evangelización, especialmente para los jóvenes, es también una manera de obtener recursos económicos, tan necesarios en los tiempos que corren. La música católica que se les proponga a los jóvenes, debe tener el mismo sonido, el mismo ambiente, los mismos géneros, (pop, rock, rap, balada, dance, musicales teatrales, canciones de alabanza, etc.) que la música de éxito que escuchan en el día a día.

Música católica contemporánea
Música católica contemporánea

Tengo la convicción y la decisión, y además estamos seguros de que este es el momento oportuno, para que la música católica actual, la música católica contemporánea, entre definitivamente en España y que seamos una potencia en ese apartado, como lo hemos sido siempre y como lo seguimos siendo, en el pop y el rock, en toda América. Comencemos a andar ese camino. Talento existe, confirmemos el que ya tenemos y busquemos entre los más jóvenes nuevos artistas y grupos para potenciarlos.

Lo dice nuestro querido papa Francisco: salgamos a la calle y armemos «lío».

Dios os bendiga.


Fernando Salaverri Aranegui

Nació el 30 de mayo de 1944 en Vitoria.

Es profesional del periodismo, la radio, la televisión y escritor, con más de cincuenta años de experiencia en la industria de la música.

Es el fundador y Presidente Senior, junto con un grupo de entusiastas creyentes católicos, de una organización seglar que tiene como objetivo impulsar y promover la música de fe, la música cristiana católica en todas sus variantes y actividades: VIVA LA FE S.L.