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No hay obra pequeña si se hace con amor

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Tiradores o pomos artesanales diseñados por Antoni Gaudí, ejemplo de su atención al detalle en la arquitectura
Detalle de los tiradores diseñados por Gaudí, muestra de su concepción integral de la arquitectura.

Por Equipo Pedagógico Ágora.

Antoni Gaudí era un excelente ejemplo de santidad laical, desde luego por su acendrada piedad, pero también por su dominio del oficio de arquitecto y por su trabajada sensibilidad estética; todo ello en la unidad de una misma y sola vocación cristiana.

La armonía solo se alcanza cuando cada persona encuentra su lugar y se siente parte de algo más grande que ella misma. Gaudí era un enamorado de su trabajo, que consideraba un servicio a Dios y a sus clientes. Lo vivía con una gozosa exigencia personal, que sabía transmitir a sus colaboradores.

Gaudí entendía la arquitectura como un todo, incluyendo elementos exteriores e interiores. Su concepción integral de la arquitectura le llevó también a ocuparse de todos los elementos decorativos que iban a formar parte del edificio, mobiliario incluido, lo mismo en su arquitectura religiosa que en la civil. Se aprecia aquí una creatividad palpable en pormenores de todo tipo: sillas, sillones, reclinatorios, candelabros, lámparas, pasamanos y hasta las manillas de puertas y ventanas, con diseños asombrosamente ergonómicos, además de bellos y originales.

Fue precisamente el diseño de un mueble, una vitrina expositora para la Guantería Comella, premiada en la Exposición Universal de París, lo que dará a conocer al joven arquitecto; esta obra en apariencia menor será la que reclamará el interés de su futuro mecenas Eusebi Güell.

Para el Palacio Güell y la Casa Calvet realizó muebles orgánicos, ligeros y adaptados al cuerpo humano, buscando la belleza y la funcionalidad. En la Casa Batlló el mobiliario alcanza la máxima expresión de la funcionalidad y adaptación anatómica, combinando madera y metal con formas orgánicas y sobrias. Lo mismo ocurre en la Casa Milà-La Pedrera, la cripta de la Colonia Güell y en la Sagrada Familia, donde Gaudí une la gran concepción arquitectónica con el cuidado de los pequeños detalles decorativos.

Para un verdadero artista no hay cosas poco importantes, sino cosas hechas con más o menos amor. Porque, según Gaudí, «para hacer las cosas bien es necesario, primero, el amor, y segundo, la técnica». La genialidad y el cuidado por los pequeños detalles son este caso una prueba elocuente de la verdadera grandeza del artista.

Vitrina guantería diseñada por Gaudí
Vitrina guantería diseñada por Gaudí

Sus obras, tanto religiosas como civiles, son expresión de su vivencia espiritual interior. Maestro de vida, sus palabras eran silenciosas, arquitectura viva capaz de levantar puentes entre lo material y lo eterno. Arquitecto de piedras vivas, del alma. Su misma vida fue su mejor obra: un edificio visible e invisible hecho de entrega, humildad y fe.

Una genialidad sin humildad jamás definiría a Gaudí. Como ha escrito José Manuel Almuzara, «la humildad de Gaudí no era ausencia de grandeza, sino su forma más pura: la grandeza que se inclina ante lo divino y reconoce que toda belleza es prestada. La humildad de Gaudí era arquitectónica: piedra sobre piedra, sin alardes, dejaba que la luz, y no el ego, coronara su obra».

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