Razón y fe: ¿Hostilidad o colaboración?

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El Pensador de Auguste
El Pensador de Auguste

Es este un tema siempre actual y hoy especialmente importante, ya que nos encontramos en un momento de profunda crisis cultural. Paradójicamente, el rechazo de lo sobrenatural en nombre de lo natural —Dios y su presencia activa en la vida humana y en la historia— ha llevado, en los últimos tiempos, a una disipación de la naturaleza misma, y hoy ya no se tiene tan claro cuál es el límite entre lo humano y lo que no lo es. Y así, se ha desdibujado la fundamental comprensión de la naturaleza humana sexuada sometiéndola al deseo individual y las disposiciones del poder político. Y lo mismo ocurre, por ejemplo, cuando se reivindica el reconocimiento de «derechos humanos» a los simios o a los cetáceos.

Cuando la razón y la fe dejan de entenderse y respetarse, la comprensión de la realidad y el reconocimiento de la dignidad humana se precipitan en un peligroso olvido.

La razón se basa en el análisis de los hechos con el fin de hallar relaciones de causa y efecto. Se apoya en los datos que ofrecen los sentidos, pero se eleva hasta lo universal y lo necesario. Su expresión más estructurada son las ciencias, la filosofía y la teología.

Por su parte, la fe no es extraña al conocimiento. Consiste en la aceptación del testimonio de alguien a quien creemos acerca de algo que no es evidente. De hecho, la mayor parte de lo que sabemos nos llega por esta vía, cuando aceptamos lo que nos revelan otros que saben sobre un asunto. Y hablamos de una fe sobrenatural cuando el testigo al que creemos es Dios y aceptamos lo que él nos revela.

Dios es el autor lo mismo de la revelación que de la razón, y lo lógico es que no se contradigan sino que, respetándose, se complementen y colaboren entre sí fructuosamente. Escribía Galileo Galilei: «La Sagrada Escritura y la naturaleza proceden igualmente del Verbo Divino, la primera como dictada por el Espíritu Santo, la segunda como ejecutora fiel de las órdenes de Dios». Es muy conocida a este respecto la expresión de san Agustín: «Entiendo para creer, creo para entender». De hecho, el nacimiento de la ciencia moderna solo ha sido posible en el seno de una matriz cultural cristiana.

En este número presentamos varias colaboraciones que reflexionan sobre la congruencia de la razón y la fe. Ambas buscan la verdad, y no debiera haber por tanto enfrentamiento entre ambas. Al contrario, con la adecuada integración del sentido religioso y de los conocimientos científicos y técnicos se podrían resolver muchos de los problemas más graves que sufre hoy la humanidad.

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