Sinodalidad: caminar juntos

Iglesia corresponsable y participativa

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Sinodalidad. Foto: Cristian Gutiérrez, LC
Sinodalidad. Foto: Cristian Gutiérrez, LC

Una característica destacable de la Iglesia del siglo XXI es su afán renovador, impulsado desde el Concilio Vaticano II y revitalizado por san Juan Pablo II, el papa misionero, y el papa Francisco que, insistentemente, nos invita a ser Iglesia en salida.

Y es que la Iglesia no es un fortín amurallado, sino un pueblo de Dios sin fronteras, con las puertas de par en par abiertas no solo para acoger a los que vienen, sino saliendo a buscarlos, tendiendo puentes, vibrando con el corazón de san Pablo: «Con los judíos me he hecho judío para ganar a los judíos […]. Con los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley […] para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles» (1Co 9,20-23).

Ser Iglesia en salida es hacerse presente aquí y ahora, en cualquier momento y en cualquier lugar, teniendo una presencia más visible, más cercana a la sociedad porque todos los cristianos se saben auténticos templos vivos.

Ser Iglesia sinodal —la Iglesia del tercer milenio— es un camino ecuménico hacia el reino de Dios, fortaleciendo sinergias en todos los ámbitos de misión —sin que ello conlleve perder la propia identidad—, haciendo el bien al prójimo, pasando del «yo» al «nosotros», saliendo del templo a la calle, enseñando a la comunidad cristiana a peregrinar entre los hombres.

Caminar juntos para hacer una Iglesia corresponsable y participativa, supone adquirir nuevas formas de ser y de estar que nos hagan más fieles a Jesús y, a la vez, más comprometidos con nuestros semejantes. Es el hacerse todo a todos para salvar a toda costa a algunos, de san Pablo.

Pero esto no será realidad sin la presencia de los laicos en todas las realidades del mundo. Porque su lugar teológico es el mundo, como nos recuerda el Vaticano II y, por tanto, son ellos quienes deben incorporar el mundo a la Iglesia, en extensión y profundidad, con sus problemas reales. ¿Quién si no escuchará las voces de las periferias del mundo alejadas masivamente de Cristo?

Sin cerrar puertas a las personas e instituciones brillantes que providentemente Dios suscita en todas las épocas, los verdaderos artífices de la Iglesia sinodal son los laicos en unión con los pastores. Lo advertía el P. Morales: «La comunión del pueblo con el obispo es la que constituye la Iglesia; pero esa unión común no existe si el laico es solo miembro pasivo […] una «masa», opuesta al «pueblo de Dios», a ese laos del que los laicos reciben etimológicamente su nombre» (HL, p. 34). Así se hace la Iglesia sinodal, corresponsable y participativa.

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