Teresa con Teresa

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Por Ana Miral
Nos vamos de boda. Maribel y Emilio, padres de Teresa de la
Inmaculada y de la Santa Faz, nos invitaban un mes antes a esta celebración tan
especial.
En Tricio (La Rioja), 8 de febrero, cuatro y media de la
tarde. Teresa, junto a sus catorce hermanas, entran en procesión con candelas
encendidas cantando suavemente. Al otro lado de la clausura, Maribel y Emilio,
cada uno, a izquierda y derecha de la reja, once sacerdotes y 200 fieles
esperamos el inicio de la celebración. Domingo frío en el que las montañas de
alrededor y los campos están cubiertos de nieve, pero en ese pequeño convento,
quince corazones llenos de fuego por amor al Señor encienden el hogar y dan
calor a la Iglesia, esposa del Señor.
El párroco de Tricio hace de maestro de ceremonias, mientras
el padre Santiago Arellano celebra la Eucaristía. Con palabras sencillas va
explicando todos los momentos de la celebración. Cómo Teresa se desposa con el
Señor y se apodera de todos sus méritos.
Se hacen las lecturas: “Yo soy para mi amado y mi amado es
para mí”. Llega el momento del desposorio. Maribel y Emilio acompañan llenos de
emoción a Teresa entregándosela al Señor para salvar almas. Se le pregunta si
viene libremente y si quiere ser la esposa. Un sí alto y claro resuena en toda
la capilla. Le ponen en la cabeza la corona de flores y recibe la regla del
Carmelo. En ese momento me acuerdo de que Emilio, cuando iba a trabajar, le
pedía al Señor: “Conquista el corazón de mis hijos”.
El P. Santiago Arellano, nos dice que Teresa vive en Nazaret,
con la familia íntima del Señor. Como María, siendo la esclava de Dios y
guardando todo en su corazón bajo la protección de José, imitando su silencio y
obediencia, y como Jesús, que en la clausura del Sagrario vive desde hace más
de veinte siglos, todos juntos alabando a Dios.
Me acuerdo de cómo conocí a Teresa en el campamento de 2011,
celebrando el 50 aniversario de la Milicia. Me llamó la atención su forma de
mirar el Sagrario. En el viaje de vuelta, estuvo pendiente de saludar a María
con el ángelus y de rezar el rosario. Volvimos a vernos en la JMJ, donde me
contó su encuentro con una monja que sería importante en su vocación. Unos
meses después, en unas convivencias con esa hermana, que llevaba rezando por
ella desde que se conocieron, Teresa le pide al Señor que le diga dónde la
quiere. Ese día la canción empieza: “descálzate, descálzate”. Teresa ya sabe
dónde la quiere el Señor. Cuando se da a conocer que se va monja de clausura,
da su primer fruto visible: otra amiga que llevaba algún tiempo luchando para
dar ese sí, se decide y unos meses más tarde ingresa en otro convento.
Uno de los muchos momentos emocionantes de la ceremonia es la
coronación. La corona es la alianza entre Dios y la carmelita. La corona del
día de su profesión la utilizan en los momentos señalados de su vida y se
entierran con ella para simbolizar la unión que ya no tendrá fin.
Terminada la ceremonia, Teresa se postra y las hermanas le
echan pétalos de rosas sepultándola para el mundo.
Volvemos rezando el rosario por ella, la Comunidad y sus
padres.

Gracias, Teresa, por tu sí. Sé fiel y feliz