Inicio Secciones Nuestro carisma Contemplando los pies de Jesús

Contemplando los pies de Jesús

76
Niña besando el pie de la Pietá de Miguel Ángel.
Niña besando el pie de la Pietá de Miguel Ángel.

Siempre me han atraído los pies de Jesús en el arte de la Semana Santa: blancos de polvo en el viacrucis; rojos de sangre en la cruz; amarillos y exangües en el sepulcro; encarnados y llenos de vida una vez resucitado.

¿Qué tienen los pies de Jesús que tanto nos atraen? Preguntémoslo a María de Betania, quien en el Evangelio siempre aparece a los pies de Jesús. Pidámosle que sea nuestra maestra. Cuando llegaba Jesús a su casa, María se acomodaba a sus pies (mientras Marta servía) (Lc 10,39). Desde allí, miraba a los ojos de Jesús, de abajo hacia arriba, sin perder detalle. Cuando murió su hermano Lázaro, se echó a los pies de Jesús diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano» (Jn 11,32). Y días más tarde, ungió los pies de Jesús y se los enjugó con su cabellera, llenando la casa con la fragancia del perfume (Jn 12,3).

Es probable que ella estuviera también entre las mujeres que contemplaban a Jesús en el Calvario (Lc 23,49), y a quienes la mañana de Pascua se apareció Cristo resucitado (Mt 28,9). Si fue así, al abrazar sus pies y postrarse ante él descubriría asombrada que todavía conservaban el aroma del perfume. ¡Detalles del Señor!

¿Qué aprendemos a los pies de Jesús?

1. A seguir sus huellas. En este Año jubilar, Jesús nos precede en el camino y deja marcadas sus huellas en él, para que pongamos nuestros pies sobre sus pisadas y caminemos con agilidad, amoldados a su paso, por el camino de la esperanza.

2. A postrarnos a sus pies. Para dejarnos perdonar y curar; para permitir que el Señor actúe libremente sobre nosotros, sin que le pongamos trabas, y para que nos enseñe a ponernos a los pies de nuestros contemporáneos, empezando por los más cercanos.

3. A dejarnos lavar los pies. En el lavatorio, Jesús se puso a los pies de sus apóstoles, y en ellos estábamos representados todos nosotros. Jesús se ha puesto a nuestros pies, se ha humillado para lavarnos. La Semana Santa es un momento oportuno para acercarnos al Señor en la confesión y permitir que nos lave por dentro.

4. A prolongar los pasos de Jesús. Somos miembros del Cuerpo de Cristo, y Jesús no tiene otros pies que los nuestros para seguir repartiendo su misericordia… Dice la Escritura: ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia! (Is 52,7; Rom 10,15). ¡Esos son nuestros pies cuando caminamos con Cristo y por Cristo! Así como él caminó para encontrarse con la samaritana, la sirofenicia y la viuda de Naín, cuando le prestamos nuestros pies, él sigue llegando hoy a los confines de la humanidad: a nuestros vecinos, familiares, amigos y compañeros.


También la Virgen María es experta en contemplar los pies de Jesús y seguir sus huellas. Que Santa María del Camino nos enseñe a levantarnos y caminar deprisa para ponernos a los pies de los demás, tal como Ella hizo al servir a su prima Isabel. Que nos guíe también para conocer y a reconocer a su Hijo, prolongando así sus pasos por los caminos de la vida, «para más amar y servir»

Artículo anteriorLa esperanza, «un simple movimiento de los ojos», y sus dos enemigos
Artículo siguientePeregrinos de esperanza
Revista Hágase Estar
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.